Aprende a amar – son tres palabras: Aprende a amar. En estas palabras está todo el camino que cada uno de nosotros debe seguir para recuperar, paso a paso, nuestra herencia divina, que es el amor a Dios.
Recordemos el mandamiento principal: “Ama a Dios de todo corazón. Ama a Dios con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo”.
Tres aspectos del amor: Ama a Dios, a tu prójimo y a ti mismo.
Muchos dicen que es un camino difícil amar a Dios con todas nuestras fuerzas y también amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Cómo nos amamos a nosotros mismos, son solo los pasos hacia el amor, pero aún no es nuestra herencia divina, la corriente de amor en la que se mueven todos los seres puros.
Ahora la pregunta para todos nosotros: ¿Cómo nos amamos? Porque se dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. A menudo se llega a un triste análisis. Nos amamos a nosotros mismos en el sentido de que rara vez nos preguntamos si lo que pensamos, hablamos y hacemos corresponde al amor de Dios. Para nosotros, nuestra forma de pensar, hablar y actuar es “objetiva”, eso somos nosotros, eso es cada uno mismo.
Más de uno dirá: “Yo no me quiero a mí mismo. Este no es mi caso”. Pero preguntémonos: ¿Cómo es cuando uno de nuestros semejantes nos describe o incluso nos critica con palabras como: “Te desprecio, no dominas tu profesión, ¿tu oficio? No eres una persona sociable, eres inmoral”, o incluso cuando nos dice a la cara: ¡Eres malo!, ¡Eres mala! ¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo reaccionamos? ¿Permanecemos tranquilos, en la firmeza interna de que descansamos en el amor a Dios, que no nos sostiene, sino que simplemente es? ¿O recordamos ciertas situaciones y nos rebelamos porque no nos vemos como nos ve el otro? ¿Qué pasa entonces?
Si nos rebelamos, tenemos que decir que amamos nuestro ego, nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamos a quien tal vez ha descrito nuestras características, que puede que incluso con ello haya querido ayudarnos. Así que nos queremos más a nosotros mismos. Nuestro prójimo solo agitó nuestro amor personal, es decir, nuestro amor autocomplaciente que queríamos conservar.
¿Y qué ocurre entonces cuando reaccionamos de esa manera? Dirigimos los dardos al prójimo por atreverse a describirnos –es decir, a “criticarnos”- y tenemos que confesar que nuestro amor personal no tolera los “ataques”. ¿Por qué? Porque nos creemos mejores y más...